Imagino las voraces críticas hacía Mariano Rajoy, encendidas, irrespetuosas y hasta suspicaces. ¿Hay para tanto?

Muchísima gente sobrepasa el límite de velocidad en carretera poniendo en riesgo la integridad y hasta la vida de terceros.

No soy alma de devoción de Mariano,  de hecho y hagamos un receso, hay hasta un poco de animadversión, soy catalán y todavía tengo grabado en mi cabeza el 1 de Octubre del 2017 y la animalada que orquestaron Rajoy y compañía con la inestimable ayuda de las fuerzas de seguridad del estado. Sí, animalada. Ahora resulta que el suelo que pisamos es propiedad de alguien y que lo heredó hace una eternidad. Nuestro trabajo, nuestra cultura y opinión importan un carajo. Pero volvamos al tema.

¿Cuando una norma se ha de cumplir a rajatabla y cuando no? ¿El sentido común puede ayudarnos? O sencillamente, algunos o algunas veces practican o practicamos respectivamente la crítica como si fuera un deporte. Cuanta hipocresía.

Entre las lineas del posiblemente divertido meme subyace una actitud humana muy común. Quizás no la mayoritaria pero común. Tan en positivo que solemos hablar de la diversidad y ahora se nos plantea un dilema.

Y ahora vuelvo a la política, la buena educación no acompañará en su extensión a la  diversidad y esta es una de las razones del auge de la «extrema derecha». Cíclicamente. ¿Las viejas generaciones somos incapaces de asimilar las nuevas actitudes. Todo se acelera (Cita extraída del film documental de Yann Arthus-Bertrand «Home»).

Vaya!! Como hemos llegado a parar a esto. Pues no se pero podría tener sentido.

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